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En la ingeniería de los satélites, como en cualquier otra área de la
Astronáutica, confluyen múltiples aspectos. No sólo se trata de construir
una máquina, sino también de conseguir que, a pesar de sus delicados elementos
electrónicos, sea capaz de resistir los rigores y presión de un lanzamiento,
las ondas acústicas durante el mismo y, sobre todo, funcionar en el ambiente
del espacio, donde las temperaturas fluctúan entre los 200° C bajo cero
durante periodos de sombra y 200° C a la luz del Sol.
El diseño de los satélites ha evolucionado desde aquellos años del Sputnik
I hasta la actualidad; sin embargo, su razón de ser sigue siendo la misma,
así como la de la mayor parte de sus elementos. El paso del tiempo y los
logros en las tecnologías han proporcionado instrumentos más precisos,
sistemas de provisión de energía eléctrica más potentes y componentes
de menor peso, pero todos ellos, en esencia, no han cambiado mucho, hay
quienes afirman que la Astronáutica es aún una ciencia demasiado joven.
Los satélites pueden dividirse de manera conveniente en dos elementos
principales, la carga útil y la plataforma. La carga útil es la
razón de ser del satélite, es aquella parte del satélite que recibe, amplifica
y retransmite las señales con información útil; pero para que la carga
útil realice su función, la plataforma debe proporcionar ciertos recursos:
- La carga útil debe estar
orientada
en la dirección correcta.
- La carga útil debe ser operable y confiable sobre cierto periodo
de tiempo especificado.
- Los datos y estados de la carga útil y elementos que conforman la
plataforma deben ser enviados a la estación terrestre para su análisis
y mantenimiento.
- La órbita del satélite debe ser controlada en sus parámetros.
- La carga útil debe de mantenerse fija a la plataforma en la cual
está montada.
- Una fuente de energía debe estar disponible, para permitir la realización
de las funciones programadas.
Cada uno de estos requerimientos es proporcionado por los siguientes
conglomerados de elementos conocidos como subsistemas:
- Subsistema de Estructura, misma que puede tener muy distintas
formas, pero que siempre se construye con metales muy ligeros que a
la vez tienen gran resistencia.
- Subsistema de Propulsión, compuesto por múltiples motores
o impulsores de bajo empuje, que sirven al satélite para realizar pequeñas
correcciones y cambios de velocidad para controlar su orientación en
el espacio y proporcionar el control adecuado de los parámetros de la
órbita. Últimamente, se están usando en estos motores otros métodos
de propulsión como la eléctrica o iónica, cuyo bajo empuje, pero elevado
impulso específico, los hace más eficientes y muy económicos en cuanto
al consumo de combustible.
- Subsistema de control de orientación, que trabaja contra las
perturbaciones a las que está sometido el aparato, como el viento solar.
Este sistema permite al satélite saber constantemente donde está y hacia
donde debe orientarse para emisiones lleguen a la zona deseada, considerando
su natural movimiento Norte-Sur y Este-Oeste alrededor de un punto.
Además, orienta los paneles solares hacia el Sol, sin importar cómo
esté posicionado el satélite. La computadora de a bordo, que lleva una
serie de programas capaces de reaccionar ante una variada gama de problemas:
si algo grave o inesperado ocurre, desconectará automáticamente todos
los sistemas no esenciales, se orientará hacia el Sol para garantizar
una adecuada iluminación de las celdas solares e intentará comunicarse
con la Tierra o esperar órdenes procedentes de ella. Esta fase se denomina
modo seguro y puede salvar la vida a muchos satélites dando tiempo a
la intervención humana.
- Subsistema de potencia. Como fuente de energía secundaria,
las baterías proveen energía suficiente para alimentar a los sistemas
e instrumentos cuando la energía proveniente del Sol no puede ser aprovechada,
esto ocurre por ejemplo, durante eclipses ; éstas son cargadas poco
antes del lanzamiento y de ellas depende la vida del satélite.
La
fuente primaria de energía para el satélite lo constituyen las celdas
solares que son colocadas en grupos para conformar lo que se conoce
como panel solar Los paneles, por sus grandes dimensiones y su relativa
fragilidad, deben permanecer plegados durante el despegue. Su apertura
añade otro factor de incertidumbre durante la puesta en órbita del satélite.
Una vez en posición y perfectamente orientados, empiezan a proporcionar
energía a los sistemas, que hasta entonces han debido usar baterías.
Esta energía es administrada por un sistema especial que regula el voltaje
y la distribuye de forma adecuada al resto de componentes. Cuanto mayor
es el número de celdas agrupadas, más potencia puede generarse. Aunque
es verdad que éstas suelen deteriorarse con el paso del tiempo, ahora
los constructores de satélites colocan un número suplementario de ellas
para garantizar que proporcionarán suficiente electricidad, incluso,
durante el último periodo de su vida útil.
- Subsistema de telemetría, seguimiento y órdenes es el encargado
de hacer contacto con las estaciones terrenas con el fin de recibir
órdenes de ellas y darles seguimiento. Esto permite el correcto mantenimiento
de los subsistemas del satélite.
El módulo de carga útil es aquel en que están instalados los instrumentos
que justifican la misión espacial. Algunos de ellos son muy sofisticados:
podemos encontrar desde cámaras hasta telescopios, pasando por detectores
sensibles a fenómenos atmosféricos, antenas y amplificadores para comunicaciones,
entre otros. Para los satélites de comunicaciones, la carga útil esta
conformada por los transpondedores.
Un transpondedor esta formado por un filtro de entrada que selecciona
la frecuencia a amplificar, un controlador de ganancia para el amplificador
y su respectiva fuente de alimentación, estos transpondedores reciben
la señal desde la Tierra a través de antenas y receptores, la amplifican
y la envían a su destinatario; si el satélite no hace esto, la señal llegará
tan débil que no se percibirá en las estaciones receptoras.
Aunque el satélite es sometido a pruebas exhaustivas durante su construcción
y antes de su lanzamiento, siempre es probable que algo falle y esto,
entonces, significa afrontar pérdidas considerables; es por ello que desde
hace algunos años los propietarios de los satélites suelen adquirir pólizas
de seguro que cubran las principales eventualidades (lanzamiento fallido,
menor eficiencia de la prevista en órbita, duración en activo inferior
a la prevista, etcétera). Se calcula que el precio actual de un satélite
está entre 700 y 2 000 millones de pesos, y si a eso le sumamos el mencionado
seguro el precio sube a 3 500 millones de pesos . Afortunadamente, el
futuro de la construcción de los satélites implica mayor tiempo en órbita,
mismo que fluctúa entre 10 y 15 años.
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